- ¿No crees que le das demasiada importancia a las cosas?
+ Quizá...
- No te engañes, sabes que sucede así. Es por eso que nunca estás extasiada, que vives en un continuo movimiento uniforme, que no eres capaz de rellenar tu corazón con nuevas sensaciones, y que nunca te permites sonreír... que por otra parte, aunque tú lo creas, no es un signo de debilidad. A veces dices que tú no sabes hacer eso, y me parece un gesto muy egoísta por tu parte. Porque yo también necesito de tu reír, y los dos sabemos que sabes reír porque antes lo llevabas a cabo... solo que ahora tu cabeza vive en continua resistencia.
+ Las cosas se olvidan, igual que tú te olvidaste de cuidarme, yo olvidé sonreír. Puede que todo sea más simple de lo que crees. Si no vivieses en tu estúpida telaraña, ahora no tendrías que andar reprochándome nada. No finjas que te preocupa, los dos sabemos quién eres y qué puedes ofrecer.
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