Es que no sé si me duele que no me quieras (sí, pero menos que antes), me duele que me engañes. Que me digas que no la quieres, y que no la deseas. Las perspectivas externas lo explican en que te importo, pero si de verdad soy importante para ti, ¿por qué me has hecho y me haces tanto daño? El presente contigo parece un recuerdo, estamos sentados al lado, hablando y parece que ya te has ido. Se me encoge el corazón en un puño y tengo que despachar mis fantasmas con una sonrisa de efecto gaseosa. No entiendo. Ella es precisamente todo lo que criticas, y sin embargo, tu meta a alcanzar. ¡Es que no consigo digerir tu idea! Y no puedo más, porque no hago más que atragantarme.
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