Recuerdo aquel día, aquel diez de Junio. Quería escapar, echar a volar y ser tan independiente como siempre lo había soñado. Tú no me dejaste ser libre y cuando me acostumbre a ti, te vas. Por eso, empecé a escribir con lágrimas en los ojos. Empezaba y tenía que tirar el papel porque pese a todo lo que te decía no era suficiente. Cada letra escrita para ti no era lo bastante fuerte. Y hoy me quiero acordar de aquellas palabras que nunca me dijiste, ni yo a ti. ¿Quién nos iba a decir que hoy íbamos a estar solos?
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